A veces queremos que los demás sean pacientes, amables y comprensivos… pero somos los primeros en hablarnos con dureza y tratar mal a quienes nos rodean.La convivencia no se rompe de un momento a otro, se desgasta en pequeños gestos: una mala respuesta, un juicio rápido, una actitud cerrada.Pero también se sana igual… en lo pequeño.Cuando decides responder con calma, escuchar sin atacar y tratar con respeto, algo empieza a cambiar.No necesitas que todos mejoren para que el ambiente sea distinto. Basta con que uno decida hacerlo diferente.Y muchas veces, ese uno… eres tú.