Relatia Podcast

El tren de las nubes perdidas


Listen Later

Tomás siempre se fijaba en las nubes. Mientras los demás niños jugaban al fútbol en el recreo, él se tumbaba en el césped y miraba el cielo. Veía dragones, castillos, ballenas y hasta una nube con forma de helado de fresa. Un lunes de abril, una nube muy pequeña y redonda se quedó quieta justo encima del tejado del gimnasio. No se movía ni un poquito, como si estuviera esperando algo. —Qué raro —murmuró Tomás. Cuando sonó la campana, en vez de ir hacia la puerta principal, Tomás rodeó el edificio del gimnasio. Nunca había ido por aquel lado. Detrás había un seto muy alto cubierto de flores amarillas. Tomás apartó las ramas y se coló por un hueco. Al otro lado encontró algo increíble: una pequeña estación de tren. Tenía un andén de madera pintado de azul celeste, un reloj redondo que marcaba las horas al revés y un cartel que decía: «Estación Nimbos — Línea de nubes perdidas». En las vías había un tren. Pero no era un tren normal. Los vagones parecían hechos de algodón y brillaban con una luz suave, como si estuvieran fabricados con trozos de nube. La locomotora era plateada y tenía una chimenea de la que salían burbujas en lugar de humo. Una mujer asomó la cabeza por la ventanilla de la locomotora. Llevaba un gorro de conductora azul, el pelo blanco como la espuma y unos ojos que parecían dos gotas de lluvia. —¡Por fin! Llevaba una semana esperando al observador de nubes —dijo con una sonrisa enorme—. Soy Celeste, la maquinista. ¿Tú eres Tomás, verdad? Tomás abrió mucho los ojos. —¿Cómo sabe mi nombre? —Porque las nubes me lo han contado. Dicen que eres el único niño de este colegio que todavía las mira. Y necesitamos tu ayuda. Tomás miró el tren, miró a Celeste y miró la nube redonda que seguía flotando sobre el gimnasio. —¿Ayuda para qué? —preguntó. —Para devolver las nubes perdidas a donde pertenecen. ¿Te subes?

...more
View all episodesView all episodes
Download on the App Store

Relatia PodcastBy Relatia.es