El que no ora ni ayuna, difícilmente entrará al reino de los cielos. La Biblia habla de Simeón y Ana, ancianos que permanecían en el templo: orando y ayunando; esperando la llegada del Mesías. Nosotros con mayor razón, debemos estar esperando en ayuno y oración; hasta que suene la trompeta. El ayuno nos santifica y perfecciona nuestra vida; mas el poder está en la Palabra de Dios.