Cristo ayunó, para entrar en una unión íntima con el Padre, para enfrentarse a Satanás y a sus demonios; alcanzando siempre la victoria. Un verdadero cristiano, siente la necesidad espiritual del ayuno. Se está formando un remanente: que ora, llora y clama; para que se establezca la justicia de Dios entre los hombres. La Iglesia verdadera de Cristo ayuna y recibe el poder de Dios.