La historia sigue a Kenji Sato, un genio de la ciberseguridad en Tokio que opera en la Dark Web bajo el seudónimo Bakemono. Su modelo de negocio es único y letal: acepta contratos de clientes poderosos (corruptos, criminales y tiranos) para borrar sus rastros digitales, pero utiliza esa misma conexión para ejecutar un juicio sumario contra ellos.