La escena trascurre en Portugal: un halago a los cortesanos lusos que asistían en la corte de Felipe III. Los personajes pertenecen a la más alta aristocracia del siglo XV: los duques de Coimbra y de Aveiro, los condes de Estremoz y de Penela. La trama semihistórica, construida sobre una buscada simetría de parejas antitéticas, abunda en lances inverosímiles, falsas identidades, amores a primera vista, mujeres disfrazadas de hombres, suplantaciones de personalidad, reconocimientos pasmosos: el protagonista pasa, de pastor, a ser miembro de la familia real. Pero en estas peripecias, muy habilidosamente hilvanadas, los hombres, grandes figurones, son simples marionetas en manos de las mujeres.