La última gota

El viaje al interior. Episodio 15


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A raíz de una observación crítica —la falta de “qué hacer” con la información que propone el Episodio 14: El Pacto Social— surge una reflexión honesta: las preguntas expanden y las respuestas encogen, pero aun así existe un deseo legítimo de ofrecer orientación práctica, no recetas cerradas, sino caminos.

Ese camino se concreta en la idea del diálogo con uno mismo, enlazado directamente con la teoría de la sombra de Carl Jung. La sombra es todo aquello que el ego consciente rechaza, niega o no tolera de sí mismo y que, al ser relegado al inconsciente, acaba gobernando la vida desde la trastienda: la ira, la susceptibilidad, el egoísmo, las decisiones destructivas, los vínculos que se malogran.

El viaje interior no es un encuentro con una parte luminosa y agradable, sino con la parte de uno mismo que cae mal, la que se ha excluido precisamente porque incomoda. El primer objetivo no es curarla ni justificarla, sino conocerla y comprenderla. Comprender no es condescender ni victimizar, sino entender qué la mueve: heridas, miedos, límites no expresados, contradicciones ideológicas, necesidades insatisfechas.

Para ello es imprescindible adoptar una actitud científica: observar la sombra como un fenómeno, con bata de laboratorio y microscopio, suspendiendo el juicio moral. Nombrar emociones, inseguridades, miedos y frustraciones sin evaluarlos como buenos o malos. Este paso es especialmente difícil porque vivimos entrenados para juzgar —a los demás y a nosotros mismos— desde una supuesta superioridad moral.

Aquí aparece una verdad incómoda pero liberadora: no somos moralmente distintos de los demás. Todos mentimos, somos egoístas, crueles o deshonestos en algún grado. La diferencia entre “yo” y “el otro” no es esencial, sino circunstancial: a quién se le puso el sistema a prueba y cuándo. Reconocer esto exige humildad, pero desactiva el rencor, el odio y la necesidad de enemigos.

Se ilustra este mecanismo con American Beauty: el personaje que condena ferozmente en otros aquello que reprime en sí mismo. Lo que más se odia afuera suele ser lo que más se rechaza dentro.

Esta primera fase —suspender el juicio, conocer y comprender la sombra— trae beneficios inmediatos: se deja de odiarse a uno mismo y, en consecuencia, de odiar a los demás. Disminuye el resentimiento hacia personas, grupos y el mundo en general. Además, permite entrar en contacto con la propia vulnerabilidad sin vergüenza, lo que habilita luego a sostener la vulnerabilidad ajena sin huir ni banalizarla.

La segunda fase es la integración de la sombra, lo que Jung llamó individuación: no solo saber qué te pasa, sino hacerte cargo. Integrar no es eliminar el miedo, la ira o la inseguridad, sino aliarte con ellos para actuar de forma consciente. Poner límites con claridad en lugar de huir, expresar incomodidades sin victimismo, detectar antes lo que se acumula para no estallar después.

Cuando la sombra se integra, deja de sabotear y pasa a ser un aliado. Ya no hay partes exiliadas de uno mismo. Aparece una sensación profunda de equilibrio, soberanía emocional y coherencia interna. No por superioridad moral, sino por responsabilidad.

El episodio concluye con una idea clara: integrar la sombra no te hace perfecto, te hace íntegro. Y lo único imprescindible para iniciar ese viaje no es talento, ni inteligencia, ni espiritualidad, sino coraje.


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La última gotaBy Juan Martín Migliorini