Cuando todo parecía haber terminado el ya ex presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha encontrado el modo de prolongar la agonía (la suya y la de la propia Cataluña) con un viaje a Bruselas, donde ha ofrecido una rueda de prensa. La Fiscalía General de Estado le ha acusado formalmente de varios y muy graves delitos y le ha emplazado a declarar el día 2 en Madrid. De él depende que esta historia acabe ya porque reconstruir su inmenso destrozo va a llevar mucho tiempo y va a costar mucho dinero.
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