Cuando vemos la vida del apóstol Pablo, podemos notar su constante deseo por predicar el evangelio. Lo que muchas veces pasa es que no nos damos cuenta que Pablo era un embajador, o un representante de Dios en la Tierra. Durante este tiempo tenemos que sentirnos incentivados por el deseo de predicar más allá de las situaciones adversas en que nos encontramos. El profundo deseo de compartir el evangelio viene ligado a la responsabilidad que tenemos de completar la misión como embajadores y reemplazar el "Hablar" por el "Hacer". Seamos responsables al realizar nuestra tarea.
Alsina 119, San Isidro.
Buenos Aires, Argentina.