300 palabras para (des) aprender a vivir.

Emparchados.


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Esto lo aprendí bien: cuando uno pincha una rueda lo primero que tiene que hacer es llevarla a emparchar. Impostergable. Porque “pinchar” pero tener rueda de auxilio es una buena y una mala. La de cal y de arena, que le dicen.

Ayer, entré a la gomería y la radio estaba bien fuerte y pasando las noticias de los bombardeos de Medio Oriente. Qué desastre, le dije, parece que nos extinguimos, nomás. El gomero bajó el volumen de la radio y me miró con cara de “no escuché lo que dijiste”. Le repetí y le agregué algún dato inútil más de esos que vamos a retener algunos días y al pedo. ¿Y si se meten los chinos y los rusos? y le sobreactúo una preocupación que no tengo.

El tipo me mira un rato largo – 5 segundos, ponele – y me dice que yo soy el último que va a atender hoy, porque se tiene que ir ya al Hospital Central, que tiene internada a la esposa, y la hija lo está esperando para que la reemplace porque ha dejado a los chicos con una vecina que los puede tener nada más que hasta la una porque entra a trabajar en el “Dalvian” y toma dos micros… Lo interrumpo y le digo que no hay problema, que vuelvo mañana y él empieza a desarmar mi cubierta y en ese gesto me está diciendo que sí hay problema, que necesita la plata que me va a cobrar. No se me ocurrió decirle que le dejaba pago el trabajo y buscaba la rueda mañana.

(Siempre me pasa que “las mejores” se me ocurren al otro día).

Mientras lo miraba trabajar, me prendí un cigarrillo – fea imagen, esa – y pensé que el verdadero mundo es tu pequeño mundo. Que las cosas que realmente importan son las que te están pasando a vos, aquí y ahora.

Me parece que no es ese individualismo que tiene tan mala prensa.

No es indiferencia. Es mera supervivencia.

Hoy, algunos tendrán que correr hasta el refugio antiaéreo y otros correr para no perder el bondi.

Cada uno en su batalla. Cada uno con su parche.

 

 

 

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300 palabras para (des) aprender a vivir.By Guillermo S. Giaquinta