Le gustaba el hombre lobo por lo que tenía de zorro. Se volvió loco y le llamó por teléfono. Le costó conseguir su número. Llamaba y llamaba y no contestaba.
-"Será hijo de perra"
Al final contestó:
-"Wolfie, qué te pasa conmigo?"
-"Hay luna llena"
-"Lleno de gasolina, por favor"
Arrancó y se fue, era la hora del té.