La chica israelí recibió lomo. Su religión le prohibía metérselo en la boca. Pero tragó leche a mordiscos. Dudó de su veganismo. Consultó en internet y sólo supo de su alto contenido en proteína. No pudo enviar foto por whatsapp porque se había colgado. Buscó y buscó pero no encontró sustituto. Pero supuso que no quedaría embarazada si contenía la respiración mientras bajaba garganta abajo. Ese fue el final de la cuenta atrás.