-¡NO TE QUITES LAS BRAGAS!- Gritó sobrexcitada. Y buscó unos calcetines para ponerse bajo el montón de ropa que habían dejado sobre la cama. Eran las tres y cinco de la tarde y se acababa de despertar. Matías Prats estaba en la tele. En la calle brillaba el sol pero ella tenía un frío del carajo.
-¿Dónde habré dejado el abrigo? - se preguntó, a la vez que una lánguida lágrima recorría su sonrojada almejilla. Y entonces se quitó las bragas y se la sacó.