Todo le sabía a ella, desde el dedo gordo del pie, hasta las cejas. Todo ello le resultaba el paraíso, criminal, de gánsters... Como un perro sabueso salió de caza:
-"¡Ande vas! ¡Bribón!"
-"¡Huyo de la profe!"- replicó.
Se escondió entre unos perales y sólo se le veía su pelo. Minuto tras minuto y hora tras hora los gánsters ladraban.