Cuando David tuvo que refugiarse en una cueva no se dejó vencer por lo adverso de situación. Vinieron a él "todos los afligidos, endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu". Sentarse a lamentar su situación y llenarse de amargura y angustia como sus 400 compañeros parecía lo lógico, pero no para quien conoce su propósito en Dios. Quien sabe que tiene un propósito influirá en los que están a su alrededor, y será instrumento para que ellos también alcancen su propósito. Nunca más se escuchó de los amargados amigos de David, pero para siempre quedarían registradas las hazañas de los valientes de David.