Desde el momento en que Katie Fusco supo que era una niña adoptada, sintió el deseo de comprender de dónde venía y por qué había sido dada en adopción. A los 18 años, justo cuando estaba a punto de graduarse de la preparatoria e irse a la universidad, Katie decidió ponerse en contacto con sus padres biológicos. Lamentablemente, esa decisión vino acompañada de una dura lección: hay cosas que nunca deberían descubrirse.
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