No estaba muerto, estaba de parranda. Un tipo de apellido Lardín me ha hecho volver a darle al REC mientras camino. No lo hacía desde mayo del año pasado, que me he cerciorado. Únele a ello visitar un hospital, ver a unos septuagenarios haciendo tai-chi y escuchar a una tipa decirle a alguien al otro lado que la respuesta violenta no es la solución. Ahí lo tienes. EN LONTANANZA ESITEN.