Una maldición me hace recordarte,
una premonición,
y a tientas entierro el sol,
y empieza a hervir la sangre,
las marionetas de vapor,
tus ojos extinguiéndose,
al estrangularte
(con aquel tálamo de luces difuntas)
Con el vaho de la rivera
Donde las cornejas siembran lunas
Y tinieblas.