En un entorno cada vez más bélico y polarizado, la propaganda prospera con sorprendente facilidad. No necesita imponerse con grandes mentiras: le basta con apoyarse en prejuicios, animadversiones y lealtades.
El resultado es un clima de ruptura y enfrentamiento peligroso en el que escasean la racionalidad y el análisis ponderado. También cuando hablamos de la guerra en Irán.
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