Saber hablar Inglés a la perfección y haber recorrido más de 40 países, a la hora de salir a vender por la calle, no valía nada. Al horno con que elaboraba mis productos para vender, no le funcionaba la termocupla, tenía que sostener apretada la perilla. Cuando alquilé mi primer lugar de elaboración vi la cocina de Sabores, la vi, el propietario del galpón pensó que estaba loco.