Myr se avienta un episodio valiente y brutalmente honesto sobre un susto de embarazo que terminó siendo embarazo real, aborto no elegido, culpa heredada y el silencio social que envuelve el tema. Desde la publicidad godín en la Condesa en 2008, hasta un legrado sin anestesia que marcó su salud mental por años, este capítulo no cancela a nadie, pero sí le pone nombre al verdadero enemigo: la falta de educación sexual integral, el love bombing, los derechos “Voldemort” y el peso conservador del Frente Nacional por la Familia que en 2025 sigue oponiéndose al aborto seguro y a la educación con perspectiva de género. Al final, Alex —el “frijolito/lenteja” que no nació— se convierte en tatuaje simbólico y recordatorio: tu vida la diriges tú, tu cuerpo no es sala de juntas y el aborto no es tragedia, la tragedia es no saber que tienes derecho a decidir.