¿Recuerdas a ese chico que te escribía poemas a las 3 de la mañana, pero olvidaba tu cumpleaños? Pues buenas noticias: ese chico ya no te seduce.
En este episodio exploramos la evolución de nuestro radar amoroso después de los 45 años. Adiós drama y montañas rusas emocionales, hola coherencia y estabilidad.
Ya no queremos proyectos a medio terminar ni chicos malos que necesitan ser "salvados". Ahora nos derrite un hombre que llegue puntual, trate bien al camarero y cumpla lo que promete.
Porque madurar no es volverse aburrida, sino volverse sabia. Y la sabiduría es muy sexy.