Desde 2002 Omaira empezó a confeccionar; primero desde su casa y luego en las de otras mujeres. Así se inició como una obrera más de los talleres de confecciones que en El Congolo se convirtieron en negocios prósperos que ofrecieron empleo a muchas personas de ese barrio. Pero en 2010, la moda, el principal suministro de estos emprendimientos familiares, sufrió una decaída que los afectó irremediablemente. Aunque estuvo sin trabajo durante ocho ese, Omaira logró hacer de la confección su oficio más estable.