Omaira trabaja al frente de su casa. Solo tiene que cruzar la calle para llegar al taller en el que ha laborado por 13 años de manera ininterrumpida. De 8 a.m. a 6 p.m. comparte con otras mujeres mientras unen pedazos de tela que luego formarán prendas de vestir que alguien lucirá. Escucharla a ella, y a esas otras mujeres, significa conocer las características de un oficio que está en decadencia.