Por este relato de Julio Cortázar, conocí de la existencia de este animal tan extraño, el Ajolote. Podemos interpretar este cuento, más allá del surrealismo, como el yo observante puede llegar a confundirse con lo observado, y en ese tránsito silencioso la realidad deja de ser estable. Cortázar no narra una metamorfosis: la hace ocurrir en el lector, como un deslizamiento imperceptible hacia otro modo de estar en el mundo. Como siempre, un gran maestro.