En Espantos de agosto, Gabriel García Márquez nos recuerda que lo sobrenatural no irrumpe: habita. En un castillo europeo cargado de historia, los fantasmas no buscan asustar, sino convivir con naturalidad entre los vivos. Con su prosa serena y precisa, García Márquez diluye la frontera entre lo real y lo imposible, y nos invita a aceptar que hay presencias que solo existen para quien sabe mirarlas sin miedo.