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Comenzamos con una propuesta sencilla y valiente: bajar el volumen del mundo para oír lo que realmente sostiene el alma. No hay música ni frases rimbombantes; hay silencio con intención. Desde ahí, exploramos cómo la Navidad irrumpe en la historia sin discursos, como una promesa que madura en calma, y por qué la voz de Dios suele encontrarnos no en el estruendo, sino en el susurro que pide cercanía.
Compartimos una práctica breve para hacer espacio: detenerse un momento, respirar profundo y no pedir nada. Sin listas ni explicaciones, elegimos estar presentes. Esta pausa mínima desarma la ansiedad productiva y nos enseña que el silencio no es vacío, es espacio que se deja habitar. Al mirar nuestra agenda y nuestros pensamientos, notamos cómo las notificaciones y expectativas ajenas roban atención; responder con quietud se vuelve un acto espiritual y una herramienta mental que aclara el corazón.
Hablamos de una fe que no siempre habla, que a veces solo escucha y confía. La imagen de Jesús naciendo en una noche callada se convierte en mapa para días saturados: hacer menos, apagar algo, quedarnos un instante con la paz que no compite. Si te resuena esta invitación, guarda este episodio para repetir la práctica cuando el ruido suba. Suscríbete, comparte con alguien que necesite un respiro y cuéntanos: ¿qué vas a soltar hoy para hacer espacio a la paz?
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By Edgar A. CarreraSend us a text
Comenzamos con una propuesta sencilla y valiente: bajar el volumen del mundo para oír lo que realmente sostiene el alma. No hay música ni frases rimbombantes; hay silencio con intención. Desde ahí, exploramos cómo la Navidad irrumpe en la historia sin discursos, como una promesa que madura en calma, y por qué la voz de Dios suele encontrarnos no en el estruendo, sino en el susurro que pide cercanía.
Compartimos una práctica breve para hacer espacio: detenerse un momento, respirar profundo y no pedir nada. Sin listas ni explicaciones, elegimos estar presentes. Esta pausa mínima desarma la ansiedad productiva y nos enseña que el silencio no es vacío, es espacio que se deja habitar. Al mirar nuestra agenda y nuestros pensamientos, notamos cómo las notificaciones y expectativas ajenas roban atención; responder con quietud se vuelve un acto espiritual y una herramienta mental que aclara el corazón.
Hablamos de una fe que no siempre habla, que a veces solo escucha y confía. La imagen de Jesús naciendo en una noche callada se convierte en mapa para días saturados: hacer menos, apagar algo, quedarnos un instante con la paz que no compite. Si te resuena esta invitación, guarda este episodio para repetir la práctica cuando el ruido suba. Suscríbete, comparte con alguien que necesite un respiro y cuéntanos: ¿qué vas a soltar hoy para hacer espacio a la paz?
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