Tenía 14 años cuando entré por primera vez a una junta de Neuróticos Anónimos. Lo que comenzó como un espacio de acompañamiento para el dolor, se convirtió en uno de los sistemas que más profundamente moldeó mi identidad, mi relación con la autoridad, la culpa, el cuerpo y la idea de “estar enferma”.
En este episodio de Neurodivina, comparto desde el yo una historia larga, compleja y profundamente personal sobre haber crecido dentro de grupos de 12 pasos desde la infancia, y cómo estos espacios —que han salvado vidas y siguen siendo fundamentales para muchas personas— también pueden resultar profundamente problemáticos cuando no saben leer la diferencia, la infancia, el trauma o la neurodivergencia.
Este episodio no es una denuncia ni una negación del valor de los grupos de 12 pasos. Es una invitación a cuestionar, a complejizar la conversación y a reconocer que dejar de consumir no siempre es lo mismo que estar bien.