Ahora sale con que lo importante es el bienestar más que el desarrollo. Como todos los sofismas, esta declaración vacía trata de encubrir una realidad dolorosa: la economía nacional se contrae y con ello arrastra el futuro de millones de personas. Lo que es peor, parece que esto no le importa tanto como el hecho de que su voluntad y solo su voluntad sea considerada como verdad última e incontrovertible. Estamos, amigos míos, presenciando la meticulosa implementación del desastre.