Como consumidores nos gusta sentirnos protagonistas y ser conscientes de que tomamos las mejores decisiones. Por ejemplo, adelantarse en la reserva o compra para un evento o para disfrutar de un espectáculo supone tener el control de la situación y asegurar la posibilidad de asistir, cosa que quizás muchas otras personas no, porque se hayan quedado sin oportunidad, sin opción porque está completo, etc. Estamos en ventaja a la hora de poder contar nuestra experiencia una vez vivida, pero también durante el tiempo previo.
Por otro lado, cada vez estamos más expuestos a los mensajes de urgencia e inmediatez que las marcas lanzan en sus diferentes canales, sobre todo en plataformas como redes sociales las cuales consiguen establecer una presión muy alta en las decisiones de compra, a menudo adelantando ese momento de la verdad a espacios temporales muy tempranos. El beneficio de optar a un mejor precio, asegurarse una plaza, ser envidiado por otros que se queden fuera, etc. son situaciones muy atractivas para nuestro ego.
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