Lo que yo creo que la mayoría de las personas buscamos es sentido. Inmersos como estamos en la marea alta de los signos que van y vienen en los oleajes de esta ya anciana e insufrible posmodernidad, los seres humanos buscamos desesperadamente un discurso que nos convoque en torno al fuego de una misma preocupación: ¿para qué es todo esto que llamamos experiencia del mundo? El discurso posmoderno ha evadido la pregunta porque la desdeña; en su lugar ha dedicado décadas enteras al juego, la parodia, la apología del absurdo, el nihilismo tecnológico, el discurso que gira sobre sí mismo queriendo morder su propia cola.