No, el presidente de México no es ni por asomo un liberal. Es un aventurero cerril y caprichoso que no alcanza a entender la responsabilidad histórica implícita en su alto cargo. Abandonar la vía de la democracia liberal es caer fuera de las avenidas del progreso, lo que para un país como el nuestro no es solo desafortunado sino, además y sobre todo, dolorosamente trágico.