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📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Lunes, 16/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
Ep#5 – Mesa de distracción
📖 Lectura: Juan 2:13-16
Tres veces al año Jerusalén se revolucionaba con la cantidad de gente que caminaba por sus calles. Hospedarlos a todos, resultaba ser una tarea imposible. Cada israelita debía viajar desde cualquier confín de la tierra a presentarse en el templo para las celebraciones. No podían presentarse con las manos vacías, debían traer el pago anual del impuesto para mantener el templo y también un sacrificio que sea perfecto, como pedía la ley. Viajar tantos kilómetros con esos animales se volvía muy difícil, así que la ley les permitía comprarlos al llegar a Jerusalén. Por supuesto no faltó quien vio la oportunidad como un negocio redondo: ofrecerían animales “perfectos”, aprobados por la ley, no sin antes inflar demasiado su precio para hacer una gran ganancia. Empezaron a poner cada vez más mesas, en las que manejaban el cambio del dinero ya que los extranjeros debían pagar en moneda local. Un poco más allá, más mesas para manejar el dinero de la venta de animales. Estos comerciantes estaban tan llenos de codicia, que las mesas se le hacían pocas. El negocio era desbordante. La gente se amontonaba y se les dificultaba circular. La palabra “cambista” derivaba de esquilar, dejar pelado, sacarte todo.
🪙 La adoración a Dios estaba ensombrecida con tanto ruido. Las monedas sonaban por todos lados. Los cambistas llamaban a sus mesas, ofreciendo mejores cambios que los demás. Los animales en jaulas o atados, gritando mientras los vendían a toda voz. Quien había ido al templo con el deseo de adorar, era empujado, estafado, ensordecido con tanto ruido.
💰 Jesús entra al templo con sus discípulos. El bullicio es insoportable. Los negocios, aún más. Jesús ve corazones codiciosos por todos lados. Sabe que estos esquiladores del alma, destruyen el objetivo principal: que puedas encontrarte con Dios y puedas adorarlo como él es. Hay tanto ruido en el templo que ya nadie oye la voz de Dios. Todos se empujan y quieren terminar cuanto antes con el rito, para volver a sus casas satisfechos, de haber “cumplido”. Cada moneda encima de la mesa, era un ídolo en el corazón del cambista. Su objeto de deseo no era oculto para nadie, mucho menos para Dios. Había tanta oscuridad espiritual en el lugar en el que mayor luz debía haber habido, que el corazón del Señor se estremece. ¡Están tan cerca de su presencia y a la vez TAN LEJOS de sus anhelos! Jesús junta unas cuerdas y las vuelve un látigo. Empieza a tirar las mesas y a expulsar a todos afuera: cambistas, oportunistas, negociantes de la fe. “Han convertido la casa de oración, en una cueva de ladrones.” Si sus palabras no te atraviesan, no sé qué podría hacerlo.
📳 Es que el escenario nuestro se parece demasiado. Nos acercamos a su presencia queriendo adorarle, pero nuestra mesa está llena de ídolos. Me acerco a orar, pero no dejo pensar en las finanzas, en las monedas. Busco leer, pero pronto me veo en las redes sociales, perdiendo el tiempo ante el dios del ocio y la autoindulgencia. Quiero adorar, pero hay demasiado ruido en mi vida como para escuchar su voz y rendirme a él. Hemos convertido el templo del Espíritu Santo en un negocio, en el que cambiamos los placeres eternos por los pasajeros. Cambiamos su amor verdadero, por migajas y placeres momentáneos. Cambiamos la eternidad por segundos que prometen felicidad. Cambiamos el tiempo de calidad con Él, por cualquier distracción efímera. Así que no te sorprendas si Jesús entra a tu vida y, a toda voz, saca corriendo lo que no pertenece allí. Él es el dueño del templo y quiere derribar tus mesas de distracción e idolatría. Quiere expulsar de nuestros corazones el amor al dinero, al placer y a nuestro propio orgullo.
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Rocio Delgado
🎶🎵 Primer Amor I David Hernández Feat. Waleska Morales
By EL CANTO DEL GALLO📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Lunes, 16/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
Ep#5 – Mesa de distracción
📖 Lectura: Juan 2:13-16
Tres veces al año Jerusalén se revolucionaba con la cantidad de gente que caminaba por sus calles. Hospedarlos a todos, resultaba ser una tarea imposible. Cada israelita debía viajar desde cualquier confín de la tierra a presentarse en el templo para las celebraciones. No podían presentarse con las manos vacías, debían traer el pago anual del impuesto para mantener el templo y también un sacrificio que sea perfecto, como pedía la ley. Viajar tantos kilómetros con esos animales se volvía muy difícil, así que la ley les permitía comprarlos al llegar a Jerusalén. Por supuesto no faltó quien vio la oportunidad como un negocio redondo: ofrecerían animales “perfectos”, aprobados por la ley, no sin antes inflar demasiado su precio para hacer una gran ganancia. Empezaron a poner cada vez más mesas, en las que manejaban el cambio del dinero ya que los extranjeros debían pagar en moneda local. Un poco más allá, más mesas para manejar el dinero de la venta de animales. Estos comerciantes estaban tan llenos de codicia, que las mesas se le hacían pocas. El negocio era desbordante. La gente se amontonaba y se les dificultaba circular. La palabra “cambista” derivaba de esquilar, dejar pelado, sacarte todo.
🪙 La adoración a Dios estaba ensombrecida con tanto ruido. Las monedas sonaban por todos lados. Los cambistas llamaban a sus mesas, ofreciendo mejores cambios que los demás. Los animales en jaulas o atados, gritando mientras los vendían a toda voz. Quien había ido al templo con el deseo de adorar, era empujado, estafado, ensordecido con tanto ruido.
💰 Jesús entra al templo con sus discípulos. El bullicio es insoportable. Los negocios, aún más. Jesús ve corazones codiciosos por todos lados. Sabe que estos esquiladores del alma, destruyen el objetivo principal: que puedas encontrarte con Dios y puedas adorarlo como él es. Hay tanto ruido en el templo que ya nadie oye la voz de Dios. Todos se empujan y quieren terminar cuanto antes con el rito, para volver a sus casas satisfechos, de haber “cumplido”. Cada moneda encima de la mesa, era un ídolo en el corazón del cambista. Su objeto de deseo no era oculto para nadie, mucho menos para Dios. Había tanta oscuridad espiritual en el lugar en el que mayor luz debía haber habido, que el corazón del Señor se estremece. ¡Están tan cerca de su presencia y a la vez TAN LEJOS de sus anhelos! Jesús junta unas cuerdas y las vuelve un látigo. Empieza a tirar las mesas y a expulsar a todos afuera: cambistas, oportunistas, negociantes de la fe. “Han convertido la casa de oración, en una cueva de ladrones.” Si sus palabras no te atraviesan, no sé qué podría hacerlo.
📳 Es que el escenario nuestro se parece demasiado. Nos acercamos a su presencia queriendo adorarle, pero nuestra mesa está llena de ídolos. Me acerco a orar, pero no dejo pensar en las finanzas, en las monedas. Busco leer, pero pronto me veo en las redes sociales, perdiendo el tiempo ante el dios del ocio y la autoindulgencia. Quiero adorar, pero hay demasiado ruido en mi vida como para escuchar su voz y rendirme a él. Hemos convertido el templo del Espíritu Santo en un negocio, en el que cambiamos los placeres eternos por los pasajeros. Cambiamos su amor verdadero, por migajas y placeres momentáneos. Cambiamos la eternidad por segundos que prometen felicidad. Cambiamos el tiempo de calidad con Él, por cualquier distracción efímera. Así que no te sorprendas si Jesús entra a tu vida y, a toda voz, saca corriendo lo que no pertenece allí. Él es el dueño del templo y quiere derribar tus mesas de distracción e idolatría. Quiere expulsar de nuestros corazones el amor al dinero, al placer y a nuestro propio orgullo.
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Rocio Delgado
🎶🎵 Primer Amor I David Hernández Feat. Waleska Morales