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📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Miércoles, 18/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
Ep#8 Mesa de Misión
📖 Lectura: Mateo 9:9-13
Te vi con grandes ojeras pidiendo plata en el semáforo de la avenida principal. Te habías quedado sin trabajo, pero no le importó a mi duro corazón.
Te vi con los ojos vidriosos a la salida de la reunión. Querías desnudar tu alma y contarme todo tu dolor. Pero yo quería hablar con alguien más y no me hice tiempo para escucharte.
Vi el mensaje que me mandaste, en medio de tu llanto y de tu angustia. Necesitabas una palabra de aliento, un texto, una luz de esperanza. Pero ese día fue terrible en mi trabajo y, no tenía ganas de responder.
Te vi sentado en el banco del hospital. Tu mirada perdida en un trozo de papel con malas noticias. Te vi impotente ante tal futuro. Pero, yo también tengo mis problemas... ¿sabés?
Te vi sola con tus hijos, peleando por salir adelante. Y seguí como si no hubiese visto tu cansancio. Como si no hubiese sentido tus noches de desvelo. Tu anhelo por un segundo de calma.
Te vi alejándote despacito. Dejando las reuniones. Dejando al Señor. Pero estaba con tantas actividades que no HICE NADA para sujetarte.
Te vi entrando con vergüenza, como si no merecieras estar ahí. Estaba Tan vestida de “costumbres” que quizás pensaste que tenías que estar así para encajar. Nunca te di a entender que yo tampoco merecía aquel lugar.
-Ojalá fuera más como Jesús-
Él te hubiera dado de comer y te hubiese saciado del pan de vida. Él te hubiese escuchado hasta que tus lágrimas dejen de ser. Él te hubiese abrazado hasta romper todos tus miedos. Él se hubiese ofrecido a cuidar a tus hijos para que tengas descanso.
Él no te habría soltado. Nunca. De ninguna manera.
Él te hubiese hecho digno para sentarte a la mesa. ¡Perdón Señor! Pude ser tus manos dadivosas y no lo fui. Pude ser tu abrazo cálido. Tu hombro reconfortante. Tu oído atento. Tu corazón compasivo. Y no lo fui. ¡Perdón Señor! ¡Quiero ser más como Jesús!
💰 Mateo está sentado a una mesa con cadenas. Éstas, son las cadenas de las malas decisiones que ha tomado en su vida. Siempre ha pensado sólo en si mismo. Consiguió un trabajo que hizo que todos los odien: se volvió un cobrador de impuestos. En la palestina de la época de Jesús, este título aseguraba dos cosas: ingresos ilícitos excesivos y el odio de todos tus conciudadanos. Mateo estaba lleno de plata, pero no tenía un solo lugar para disfrutarla. Todos, lo miraban con desprecio.
Hasta que un día, Jesús pasa por al frente de su mesa y sus palabas perforan sus cadenas. “Sígueme y sé mi discípulo”. Hace tantos años que nadie le hablaba con amor. Hace tanto que nadie lo incluía en un plan. Hace tanto que había perdido el propósito de vivir, que se levantó sin dudar, Y LO SIGUIÓ.
🥘Mateo prepara una cena en su casa. Jesús es el invitado principal en esta mesa. Así que Mateo mete en su casa a todos los que son como él: pecadores, indignos, necesitados. Mientras se reclinan en la mesa y escuchan las palabras de vida que salen de los labios de Jesús un grupo de fariseos mira por la ventana. “¿Por qué su maestro come con semejante escoria?” preguntan disgustados. La respuesta de Jesús es un compendio de su gran misión: “La gente sana no necesita médico, los enfermos, sí. Ahora vayan y aprendan el significado de la siguiente escritura: quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios. Pues no he venido a llamar a los que se creen justos sino a los que saben que son pecadores”.
⛓️Cuando Jesús perforó nuestras cadenas con su salvación, nos liberó de la mesa de la esclavitud y nos sentó en la mesa de la misión. En esta mesa, Jesús es el plato fuerte. Y nos llama a buscar a todos los que como nosotros necesitan de su salvación.
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Rocio Delgado
🎶🎵 Una Misión I Juventud y Familia Misionera
By EL CANTO DEL GALLO📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Miércoles, 18/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
Ep#8 Mesa de Misión
📖 Lectura: Mateo 9:9-13
Te vi con grandes ojeras pidiendo plata en el semáforo de la avenida principal. Te habías quedado sin trabajo, pero no le importó a mi duro corazón.
Te vi con los ojos vidriosos a la salida de la reunión. Querías desnudar tu alma y contarme todo tu dolor. Pero yo quería hablar con alguien más y no me hice tiempo para escucharte.
Vi el mensaje que me mandaste, en medio de tu llanto y de tu angustia. Necesitabas una palabra de aliento, un texto, una luz de esperanza. Pero ese día fue terrible en mi trabajo y, no tenía ganas de responder.
Te vi sentado en el banco del hospital. Tu mirada perdida en un trozo de papel con malas noticias. Te vi impotente ante tal futuro. Pero, yo también tengo mis problemas... ¿sabés?
Te vi sola con tus hijos, peleando por salir adelante. Y seguí como si no hubiese visto tu cansancio. Como si no hubiese sentido tus noches de desvelo. Tu anhelo por un segundo de calma.
Te vi alejándote despacito. Dejando las reuniones. Dejando al Señor. Pero estaba con tantas actividades que no HICE NADA para sujetarte.
Te vi entrando con vergüenza, como si no merecieras estar ahí. Estaba Tan vestida de “costumbres” que quizás pensaste que tenías que estar así para encajar. Nunca te di a entender que yo tampoco merecía aquel lugar.
-Ojalá fuera más como Jesús-
Él te hubiera dado de comer y te hubiese saciado del pan de vida. Él te hubiese escuchado hasta que tus lágrimas dejen de ser. Él te hubiese abrazado hasta romper todos tus miedos. Él se hubiese ofrecido a cuidar a tus hijos para que tengas descanso.
Él no te habría soltado. Nunca. De ninguna manera.
Él te hubiese hecho digno para sentarte a la mesa. ¡Perdón Señor! Pude ser tus manos dadivosas y no lo fui. Pude ser tu abrazo cálido. Tu hombro reconfortante. Tu oído atento. Tu corazón compasivo. Y no lo fui. ¡Perdón Señor! ¡Quiero ser más como Jesús!
💰 Mateo está sentado a una mesa con cadenas. Éstas, son las cadenas de las malas decisiones que ha tomado en su vida. Siempre ha pensado sólo en si mismo. Consiguió un trabajo que hizo que todos los odien: se volvió un cobrador de impuestos. En la palestina de la época de Jesús, este título aseguraba dos cosas: ingresos ilícitos excesivos y el odio de todos tus conciudadanos. Mateo estaba lleno de plata, pero no tenía un solo lugar para disfrutarla. Todos, lo miraban con desprecio.
Hasta que un día, Jesús pasa por al frente de su mesa y sus palabas perforan sus cadenas. “Sígueme y sé mi discípulo”. Hace tantos años que nadie le hablaba con amor. Hace tanto que nadie lo incluía en un plan. Hace tanto que había perdido el propósito de vivir, que se levantó sin dudar, Y LO SIGUIÓ.
🥘Mateo prepara una cena en su casa. Jesús es el invitado principal en esta mesa. Así que Mateo mete en su casa a todos los que son como él: pecadores, indignos, necesitados. Mientras se reclinan en la mesa y escuchan las palabras de vida que salen de los labios de Jesús un grupo de fariseos mira por la ventana. “¿Por qué su maestro come con semejante escoria?” preguntan disgustados. La respuesta de Jesús es un compendio de su gran misión: “La gente sana no necesita médico, los enfermos, sí. Ahora vayan y aprendan el significado de la siguiente escritura: quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios. Pues no he venido a llamar a los que se creen justos sino a los que saben que son pecadores”.
⛓️Cuando Jesús perforó nuestras cadenas con su salvación, nos liberó de la mesa de la esclavitud y nos sentó en la mesa de la misión. En esta mesa, Jesús es el plato fuerte. Y nos llama a buscar a todos los que como nosotros necesitan de su salvación.
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Rocio Delgado
🎶🎵 Una Misión I Juventud y Familia Misionera