Cuando hablamos de comunicar no solamente nos referimos a las transferencia de información de un emisor a un receptor, sería una manera muy simple de explicar cómo al escuchar una palabra con la intensidad y emoción necesaria nos puede llegar a producir un cambio en nuestro estado de ánimo al punto de dejarnos conectados a querer escuchar más de esa persona. Pues esa magia se logra al asumir que la comunicación también requiere transferir emociones, requiere que nos conectemos con el sentir del otro al recibir nuestro mensaje, no solamente a nivel informativo como pudiera ser un documento de texto, sino que requiere que nuestra esencia y personalidad sea integrada a dicha información, transformándola en un contenido diferenciador que te identifique, no solo como profesional sino como ser humano.