A aquella parte que rechazamos de nosotros mismos se le ha llamado de muchas formas. Yo lo llamo “el pajarraco” y lo forma todo aquel dolor no expresado que necesita ser visto y querido. No lo rechaces, míralo compasivamente y ámalo.
A aquella parte que rechazamos de nosotros mismos se le ha llamado de muchas formas. Yo lo llamo “el pajarraco” y lo forma todo aquel dolor no expresado que necesita ser visto y querido. No lo rechaces, míralo compasivamente y ámalo.