Crecí escuchando a mis abuelos hablar de la importancia de la palabra dada, de la integridad y del respeto. Esos valores han sido mi brújula en cada oficina en la que he trabajado. Siempre creí que la veteranía era un grado, que la experiencia acumulada era un tesoro para cualquier empresa. Pero la realidad me ha dado un golpe de realidad. Hoy parece que lo que más impresiona no es tu capacidad de gestión o tu lealtad, sino tu fecha de nacimiento.