Esta vez el tecnofeudalismo no llega con carabelas: llega con GPUs, contratos de energía, sociedades recién creadas y promesas de innovación. El nuevo oro no es metal: es electricidad, datos y capacidad de cómputo. ¿Qué realmente queda acá?
Esta vez el tecnofeudalismo no llega con carabelas: llega con GPUs, contratos de energía, sociedades recién creadas y promesas de innovación. El nuevo oro no es metal: es electricidad, datos y capacidad de cómputo. ¿Qué realmente queda acá?