"Mi mamá siempre decía que no había monstruos, que no eran de verdad... pero sí los hay."
Sí. Los hay. En forma de podcast.
A estas alturas no creo que hagan falta demasiadas presentaciones, y los que habéis estado ahí expectantes durante meses enteros (mil gracias a vosotros y a vuestra tara mental) ya sabéis de qué va todo esto —la palabra sandez la inventaron para nosotros—, pero a buen seguro todavía existen incautos que pueden caer sin comerlo ni beberlo en nuestra red de insensateces. Para ellos va esta introducción.
Qué coño, y para los demás también, que para algo me mato a escribirla.
El camino ha sido largo y difícil —casi tanto como aceptar como bueno un aborto blanco de dientes largos y nariz de murciélago— y sentimos la tardanza casi tanto como volver a ver Alien³, pero como siempre dice mi buen amigo (je) Jaume cuando le fustigo para que termine de una puta vez la portada de turno: «¿Lo queríais rápido o lo queríais bien hecho?». Bien, pues ni lo uno ni lo otro, pero bueno, no creo que nos bajen el sueldo por ello...
Y finalmente aquí está.
Disponeos, oh, fiel mercado de lectores, a revivir con nosotros, así como hicisteis con la épica Dragonball y Dragonball Z, esta Gran Saga que es la del Linguafoeda Acheronsis.
La lengua mortífera de Acheron.
EL ALIEN.
Daremos los primeros pasos de esta larga cruzada a bordo de la Nostromo, de vuelta a 1979 y a esa gran película de Ridley Scott, el director que ansiaba hacer una Masacre de Texas espacial a la vez que seguía la... emm, ¿estela? de 2001: Una odisea del espacio. El parto de la saga fue tan brutal como el de la mismísima criatura, obra del suizo Hans Ruedi Giger, y llevó al terror cinematográfico tan lejos que los dueños de las salas de cine donde se proyectaba cortaban la escena para evitar la desbandada masiva de clientes horrorizados. Mientras, Scott ya podía sonreír maliciosamente desde su rincón con el orgullo de saber que había hendido la historia del celuloide con dientes afilados como lanzas. Y eso que al final la joven y novata Sigourney Weaver no salía desnuda en los últimos minutos del film...
Luego toca el obligado transbordo a la Sulaco, y nada de lo que pueda decir ahora rendirá suficiente homenaje a la magna obra de James Cameron: ALIENS. Nunca segundas partes fueron buenas. Sí, ya. Ese hombre, rodeado todavía por las llamas del éxito de Terminator, alzó, expandió y glorificó la saga. Llevó al alien al siguiente nivel; le dio profundidad, lo insufló de nueva vida, y todo esto a su vez mientras dejaba impoluta e inmaculada la primera parte... No importa las películas que hiciera a posteriori, él ya se sienta erguido con los grandes en la cumbre de un género, henchido y negro como la gran viuda negra que creó.