Por lo general, las promesas de Dios tienen un tiempo de espera. En el caso de Abraham, él tuvo que esperar 25 años para el cumplimiento de la suya. No sólo la espera fue larga, sino que las circunstancias eran adversas al cumplimiento de la promesa. Pero cuando Dios promete, Él cumple, pues para Él nada es imposible