Algo se ordena en mi interior, Jesús, cuando permanezco en Tu presencia adorándote. Mis rodillas, mi cuerpo, mi alma, dicen: «Tú eres Dios… Yo no soy Dios… es más, yo no soy nada sin Ti…». Y esa verdad me llena de paz el corazón.
Algo se ordena en mi interior, Jesús, cuando permanezco en Tu presencia adorándote. Mis rodillas, mi cuerpo, mi alma, dicen: «Tú eres Dios… Yo no soy Dios… es más, yo no soy nada sin Ti…». Y esa verdad me llena de paz el corazón.