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A veces el desánimo nace cuando fallamos, cuando hacemos justo lo que prometimos no hacer. Así le pasó a Pedro: juró nunca negar a Jesús… y lo hizo tres veces. Lleno de culpa, lloró amargamente. Pero Jesús no lo desechó. Lo restauró con amor.
Dios no se sorprende por nuestras caídas; lo que Él espera es nuestro regreso. El desánimo no es el final, es una invitación a recordar que la gracia de Dios siempre es más grande que nuestro error. El Rey está en control.
By Ps. Victor HuertaA veces el desánimo nace cuando fallamos, cuando hacemos justo lo que prometimos no hacer. Así le pasó a Pedro: juró nunca negar a Jesús… y lo hizo tres veces. Lleno de culpa, lloró amargamente. Pero Jesús no lo desechó. Lo restauró con amor.
Dios no se sorprende por nuestras caídas; lo que Él espera es nuestro regreso. El desánimo no es el final, es una invitación a recordar que la gracia de Dios siempre es más grande que nuestro error. El Rey está en control.