Lise Barbeau nos dice que todos venimos al mundo con heridas que debemos aprender a aceptar. Estas se han ido desarrollando a lo largo de nuestra vida, algunas nos harán sufrir más que otras. El sufrimiento tiene distintos niveles de intensidad según el individuo, y la mayoría no saben de dónde viene ni que hacer para detenerlo, por eso a lo largo de la vida creamos mecanismos de defensa para protegernos de este dolor, y luego desarrollamos máscaras para fingir que no existe ese dolor, y ahí es cuando dejamos de ser quienes realmente somos, es decir, somos dominados por el ego.
El ego está convencido de que debe defenderse de todo y de todos. Se pone fácilmente a la defensiva. Los demás siempre tienen la culpa. También el ego adora recibir cumplidos y reconocimientos, usa todos los medios a su disposición para obtenerlos. Actúa así para sentir que existe y es importante. Se cree invencible.