¿Debes memorizar un discurso?
Bienvenid@ al capítulo 55 de CLQTD, el podcast en el que hablamos de todas aquellas cuestiones relativas al mundo de la persuasión, el hablar en público y, en general, las habilidades comunicativas necesarias para influir e impactar en los demás.
Hoy toca dedicar el programa a hablar en público y os traigo un tema muy importante y por el que me preguntan mucho en mis cursos y es si debemos memorizar o no un discurso o una presentación en público.
Además, podrás descubrir la técnica del Palacio de la memoria, un recurso fantástico en el caso de que tengas que ejercitar tu memoria.
Aprende cómo persuaden los líderes.
Antes, déjame que te hable de «Así persuaden los líderes», el libro en el que te explico por qué si quieres dirigir equipos o si ya lo haces, tienes que aprender a persuadir.
De hecho, no podemos hablar de liderazgo si éste no se ejerce a través de la persuasión porque liderar consiste, fundamentalmente en convencer a un grupo de personas de que debe conseguirse un determinado resultado.
Pues en «Así persuaden los líderes» te cuento cómo hacerlo con todo lujo de detalles y con muchos ejemplos para qué veas cómo se aplica todo lo que cuento.
Puedes encontrar el libro en las librerías habituales, Fnac, Casa del libro, en Amazon o en la web de la editorial Libros de Cabecera.
Ahora sí, vamos con el papel de la memoria en las presentaciones en público.
El papel de la memoria en la retórica. Una cuestión de prestigio.
Puede que te sorprenda lo que te voy a decir pero los grandes oradores griegos o romanos no tenían IPads, ni teléfonos inteligentes, ni internet, ni nada por el estilo.
No, no contaban con este tipo de recursos; así que cuando necesitaban acceder a información no podían ir a un teclado y entrar en el Google de la época.
No tenían información digital pero tampoco es que tuviesen la analógica a tiro de piedra. Existían bibliotecas pero no eran tan accesibles como ahora y, desde luego, no existían enciclopedias que recogiesen el conocimiento de la época. La enciclopedia tal y como la conocemos hoy no surge hasta el siglo XVIII con la Ilustración.
Así que para acceder a información relevante para elaborar sus discursos un recurso imprescindible era la capacidad de memoria que pudiesen tener, así que dedicaron mucho esfuerzo y práctica para desarrollar esta capacidad.
Y, claro está, la memoria no solo les servía para acceder a información para elaborar sus discursos, sino que también era un recurso formidable para declamarlos, para decirlos sin necesidad de tener un pergamino en la mano, cosa que, por otra parte, te desprestigiaba mucho al orador.
Claro, imaginad el prestigio que tendrían la mayoría de nuestros políticos en el mundo clásico.
El caso es que utilizaban la memoria incluso para tener un inventario de pensamientos y formas de expresarlos cuando conviniese hacerlo y se entrenaban en este cometido a lo largo de toda la vida.
Ahora nos puede parecer exagerado pero recuerda que no contaban con muchas más posibilidades para guardar la información y mucho menos para poder contra-argumentar llegado el caso.
Date cuenta que una persona que pueda acceder a datos veraces de forma inmediata y que los pueda utilizar para argumentar o para desmontar el argumento de otra persona gana muchos puntos en capacidad de convencimiento, le hace parecer una persona muy preparada y solvente.
Para los que me seguís en este podcast o en el blog, ya sabéis que el parecer preparado y solvente puntúa favorablemente en tu ethos y para los que no hayáis oido nunca qué es esto del ethos, os remito al capítulo 5 y al 8 de este mismo podcast o a varios artículos del blog de Interacción Humana.
Así que esto es lo que hacían, no solo los clásicos, sino prácticamente todos los buenos oradores de la historia hasta hace relativamente poco.
¿Y nosotros, qué hacemos?
Pero la cuestión es qué tenemos que hace