
Sign up to save your podcasts
Or


Send us a text
El mundo antiguo resonaba con múltiples voces divinas: los ríos, las tormentas y las estrellas tenían cada uno su propio poder sagrado en un cosmos donde la moralidad fluía como una negociación, no como un decreto. Esta armonía politeísta fue profundamente interrumpida por el surgimiento del monoteísmo, que reemplazó una conversación cósmica con una sola voz absoluta que reclamaba la verdad exclusiva.
Este cambio no fue meramente teológico, sino que creó un profundo problema filosófico en el corazón de la civilización: ¿cómo puede un dios perfecto e inmutable gobernar de manera efectiva un mundo imperfecto y en constante cambio? La contradicción se manifiesta como rigidez: códigos morales congelados en contextos antiguos que no pueden evolucionar porque su supuesto autor perfecto no puede admitir imperfección. Mientras los sistemas politeístas permitían que cada generación contribuyera a un diálogo continuo con sus deidades, el monoteísmo transformó esa participación en mera obediencia, haciendo que cuestionar no solo fuera incorrecto, sino blasfemo.
El budismo ofrece un enfoque contrastante, que comienza no con mandamientos, sino con observación. La metáfora de un buscador situado entre un sacerdote que sostiene unas tablas de piedra y un sabio que sostiene un espejo ilumina estos caminos divergentes hacia la comprensión moral. Las tablas representan nuestro anhelo de certeza: reglas fijas que prometen pureza a través de la obediencia, mientras que el espejo representa el camino más desafiante de la autoexploración. Ningún enfoque por sí solo es suficiente; la tabla sin el espejo se convierte en tiranía, mientras que el espejo sin la tabla se disuelve en el caos. El Camino Medio integra ambos, usando las reglas como una estructura temporal mientras se desarrolla la claridad para ver nuestra interconexión con toda la vida.
Escucha mientras exploramos cómo la verdadera moralidad podría surgir no de la obediencia rígida ni del relativismo absoluto, sino del profundo reconocimiento de que nuestras acciones se propagan a través de una red ilimitada de relaciones.
Support the show
By Hans PintoSend us a text
El mundo antiguo resonaba con múltiples voces divinas: los ríos, las tormentas y las estrellas tenían cada uno su propio poder sagrado en un cosmos donde la moralidad fluía como una negociación, no como un decreto. Esta armonía politeísta fue profundamente interrumpida por el surgimiento del monoteísmo, que reemplazó una conversación cósmica con una sola voz absoluta que reclamaba la verdad exclusiva.
Este cambio no fue meramente teológico, sino que creó un profundo problema filosófico en el corazón de la civilización: ¿cómo puede un dios perfecto e inmutable gobernar de manera efectiva un mundo imperfecto y en constante cambio? La contradicción se manifiesta como rigidez: códigos morales congelados en contextos antiguos que no pueden evolucionar porque su supuesto autor perfecto no puede admitir imperfección. Mientras los sistemas politeístas permitían que cada generación contribuyera a un diálogo continuo con sus deidades, el monoteísmo transformó esa participación en mera obediencia, haciendo que cuestionar no solo fuera incorrecto, sino blasfemo.
El budismo ofrece un enfoque contrastante, que comienza no con mandamientos, sino con observación. La metáfora de un buscador situado entre un sacerdote que sostiene unas tablas de piedra y un sabio que sostiene un espejo ilumina estos caminos divergentes hacia la comprensión moral. Las tablas representan nuestro anhelo de certeza: reglas fijas que prometen pureza a través de la obediencia, mientras que el espejo representa el camino más desafiante de la autoexploración. Ningún enfoque por sí solo es suficiente; la tabla sin el espejo se convierte en tiranía, mientras que el espejo sin la tabla se disuelve en el caos. El Camino Medio integra ambos, usando las reglas como una estructura temporal mientras se desarrolla la claridad para ver nuestra interconexión con toda la vida.
Escucha mientras exploramos cómo la verdadera moralidad podría surgir no de la obediencia rígida ni del relativismo absoluto, sino del profundo reconocimiento de que nuestras acciones se propagan a través de una red ilimitada de relaciones.
Support the show