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¿Qué ocurre cuando se quiebran los cimientos del sentido? ¿Cuando la tabla de la ley moral se rompe en fragmentos y nos deja navegar un universo en evolución sin coordenadas fijas?
Charles Darwin no habló como profeta ni como sacerdote. Simplemente observó la lucha incesante de la vida que se despliega bajo nuestros pies y reveló una verdad profunda: no hay un plan fijo, no existe una forma perfecta, ninguna especie fue elegida para reinar por siempre. La vida misma es un experimento impulsado por la variación, la competencia y la supervivencia. Cada criatura representa una respuesta temporal a la pregunta de la existencia, y cada respuesta es provisional y está destinada a ser reescrita.
Esta revelación asesta lo que Friedrich Nietzsche llamó una “ofensa cósmica” al orden establecido. Cuando la religión proclamaba leyes eternas, Darwin susurraba “no hay ley sino el cambio”. El mundo natural no obedece mandamientos, se adapta, improvisa y devora sus propias creaciones. Esta visión cumple lo que la serpiente inició en el Edén al mostrar que la obediencia misma podría ser una ilusión.
Las consecuencias son profundas. Sin garantías divinas, nuestra existencia no porta un significado predeterminado. Nietzsche lo entendió cuando declaró “Dios ha muerto”, no a modo de celebración sino como advertencia de que el derrumbe de los valores supremos crea tanto peligro como posibilidad. Algunos se refugian en ilusiones confortables, otros caen en el nihilismo. Nietzsche ofreció otra vía: convertirse en creador de valores que baila con el caos en lugar de buscar refugio en la certeza.
En la encrucijada de la vida enfrentamos una elección. ¿Seguiremos al sacerdote que aferrra los fragmentos de las tablas rotas? ¿Nos disolveremos con el sabio en la impermanencia? ¿O abrazaremos el río evolutivo de Darwin y la llama creativa de Nietzsche para forjar nuestro propio sentido? La danza es peligrosa, caeremos y sufriremos, pero en el movimiento la vida continúa.
Acompáñanos en este viaje filosófico donde la ciencia se encuentra con el coraje existencial. Suscríbete ahora para explorar cómo podemos crear valores en un universo donde el cambio es el único mandamiento.
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By Hans PintoSend us a text
¿Qué ocurre cuando se quiebran los cimientos del sentido? ¿Cuando la tabla de la ley moral se rompe en fragmentos y nos deja navegar un universo en evolución sin coordenadas fijas?
Charles Darwin no habló como profeta ni como sacerdote. Simplemente observó la lucha incesante de la vida que se despliega bajo nuestros pies y reveló una verdad profunda: no hay un plan fijo, no existe una forma perfecta, ninguna especie fue elegida para reinar por siempre. La vida misma es un experimento impulsado por la variación, la competencia y la supervivencia. Cada criatura representa una respuesta temporal a la pregunta de la existencia, y cada respuesta es provisional y está destinada a ser reescrita.
Esta revelación asesta lo que Friedrich Nietzsche llamó una “ofensa cósmica” al orden establecido. Cuando la religión proclamaba leyes eternas, Darwin susurraba “no hay ley sino el cambio”. El mundo natural no obedece mandamientos, se adapta, improvisa y devora sus propias creaciones. Esta visión cumple lo que la serpiente inició en el Edén al mostrar que la obediencia misma podría ser una ilusión.
Las consecuencias son profundas. Sin garantías divinas, nuestra existencia no porta un significado predeterminado. Nietzsche lo entendió cuando declaró “Dios ha muerto”, no a modo de celebración sino como advertencia de que el derrumbe de los valores supremos crea tanto peligro como posibilidad. Algunos se refugian en ilusiones confortables, otros caen en el nihilismo. Nietzsche ofreció otra vía: convertirse en creador de valores que baila con el caos en lugar de buscar refugio en la certeza.
En la encrucijada de la vida enfrentamos una elección. ¿Seguiremos al sacerdote que aferrra los fragmentos de las tablas rotas? ¿Nos disolveremos con el sabio en la impermanencia? ¿O abrazaremos el río evolutivo de Darwin y la llama creativa de Nietzsche para forjar nuestro propio sentido? La danza es peligrosa, caeremos y sufriremos, pero en el movimiento la vida continúa.
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