Hay un refrán que dice: «No es más feliz el que más posee, sino el que sabe disfrutar lo que tiene».
El que vive con la obsesión de acumular y obtener cosas no es consciente de que está encadenado a un sentimiento que nunca podrá ser saciado.
En esta sociedad insaciable, Jesús se presenta como el libertador de esta pesada cadena que lastra al ser humano y nos enseña a disfrutar y ser agradecidos con todo lo que Dios nos da.