Corría
el año de 1966 y en el East Bronx se vivían momentos agitados. La
transformación urbana de la ciudad avanzaba muy rápido y las viejas casas
comenzaban a reemplazarse por gigantescos condominios de color terracota, por
enormes escuelas públicas y por mercados que daban muestra de la torre de Babel
en que se había convertido el sector con una altísima concentración de
emigrantes puertorriqueños y dominicanos. Y al igual que en el South Bronx,
abundaban los centros sociales y las pandillas, y paralelas a estas las
pequeñas bandas musicales de doo wop, soul y el naciente boogaloo. Era la
música de moda. Así surgió un conjunto, La New Yorker, de la que vamos a hablar
hoy a la luz de su único LP, Es Mejor Tarde Que Nunca, en La Hora Faniática.