Comprender el autismo no solo implica conocer sus bases biológicas, sino también reconocer la diversidad humana, fomentar la inclusión y cambiar la forma en que la sociedad percibe y responde a estas diferencias.
A lo largo del tiempo, la comprensión del autismo ha evolucionado, pasando de concepciones erróneas a un enfoque basado en la evidencia científica, donde se reconoce su origen multifactorial, con una fuerte base genética y neurobiológica. Actualmente, se entiende como un espectro, lo que significa que cada persona presenta características únicas y diferentes niveles de apoyo.
Desde la anatomía y la fisiología, el TEA implica variaciones en la conectividad cerebral, el equilibrio de neurotransmisores y la integración sensorial, lo que influye directamente en la forma en que las personas experimentan el mundo. A nivel psicológico, puede haber diferencias en la interacción social, la regulación emocional y la flexibilidad cognitiva.