El maestro de poetas Federico, una vez más nos habla de los frutos del campo, en este poema hace una loa al trigal y a sus espigas.
Al trigal le ha llegado la hora de la muerte, ha perdido su verdor y ahora luce el color del oro que ha arrancado de la tierra, las hoces van cortándole sus espigas que han brotado para alimento de los hombre.
No como las margaritas y los lirios que han nacido por sí, o las flores silvestre que nacen para el sueño, vosotras -las espigas- habéis nacido para la vida.